11.16.2009

Earth Art o la naturaleza en el museo

Por Jeffrey Kastner

originalmente en el cultural

En pleno proceso de desmaterialización de la obra de arte, primero en Estados Unidos y después en Europa, se fue imponiendo un arte, el Land Art, que sustituía los espacios interiores por la naturaleza. Pero tardó poco en entrar al museo. Fue en 1969 y en Nueva York cuando un par de exposiciones, una en una galería y otra en un museo, supusieron un punto de inflexión en la historia del arte y el fin de la primera fase de la aventura minimal y el arte del objeto.

A pesar de que el legado del Land Art suele contemplarse como algo categóricamente extra-institucional, sus orígenes se hallan inextricablemente ligados al entorno físico y conceptual de la sala de exposiciones. Y, aunque los artistas insignia de la primera generación del Earth Art, como Walter De Maria, Michael Heizer, Robert Morris, Dennis Oppenheim o Robert Smithson, habían ejecutado obras en el paisaje ya a mediados de los sesenta, hizo falta llegar al final de aquella década para que un par de exposiciones -una en una galería neoyorquina, la otra en un museo universitario de arte del estado de Nueva York- comenzaran a proponer, para bien o para mal, una sistematización canónica de los diversos tipos de obras escultóricas que estaban creándose con el entorno natural y dentro de él.

La muestra Earth Works celebrada en octubre de 1968 en Dwan Gallery, Nueva York, daba forma -y nombre- al particular modo de creación artística norteamericana que recurría a este tipo de enfoque. Un enfoque cuyo elenco de protagonistas -el quinteto arriba mencionado junto a otras figuras, desde Carl Andre o Sol LeWitt a Claes Oldenburg- empezaba a ser conocido por el mundo del arte contemporáneo por su espectro de prácticas posminimalistas y basadas en el proceso. Este estreno público de lo que con el tiempo acabaría considerándose un movimiento, el Land Art, y que contenía documentación de proyectos concebidos para su exposición en espacios exteriores y que ya habían sido ejecutados al aire libre, pero también piezas escultóricas expuestas en las salas realizadas a base de materiales naturales, mostraba ya un compromiso teórico -y práctico- con cuestiones relativas al lugar y al “no lugar”, esa expresión que Smithson había acuñado meses antes para dar cuerpo a la dialéctica entre los emplazamientos externos de su trabajo y las potenciales manifestaciones físicas en forma de artefactos mostrados en el contexto de la sala de exposiciones.

La exposición en Dwan Gallery se convirtió en la sensación del mundo del arte neoyorquino, apareciendo reflejada tanto en revistas especializadas en arte como Artforum o Art in America, como en medios de difusión general, del New York Times al Newsweek pasando por el Saturday Evening Post. Para una cultura como la norteamericana, que en los seis meses anteriores había tenido que sufrir los asesinatos de dos de sus líderes políticos más queridos y había presenciado disturbios callejeros de fuerte carga política en Chicago y, al otro lado del Atlántico, en París, aquellos earthworkers o trabajadores de la tierra parecían encarnar, en sus formulaciones generales, una atrayente mezcla de la sensibilidad del “regreso a la tierra” y de esa capacidad de acción individual antiautoritaria tan perceptible en el ambiente sociopolítico del momento. Y, aunque los matices subyacentes en los enfoques personales de cada uno de los artistas y las diferencias, a menudo radicales, que existían entre ellos se perdían a veces entre el ruido, se trató, claramente, de un momento fundamental en el desarrollo de la práctica artística de la posguerra; un momento que planteó un poderoso desafío tanto a las ortodoxias de producción y exhibición de la alta modernidad como tal, por entonces dominante, como al proyecto minimalista que representaba la apoteosis de esas ortodoxias.

Un desafío que entraría dos meses más tarde en una fase más amplia y profunda con la apertura, en el Andrew Dickson White Museum of Art de la Universidad de Cornell, una prestigiosa institución situada a unos 350 Km. de la ciudad de Nueva York, de Earth Art, una muestra que investigaba el mismo fenómeno e incluía a muchos de los artistas presentes en la anterior. Organizada por el comisario Willoughby Sharp -que a la sazón había iniciado su trabajo con Liza Bear para crear lo que, dos años después, se convertiría en la influyente revista Avalanche- Earth Art era, en apariencia, un reflejo casi directo de Earth Works (aunque, curiosamente, según el texto del comisario en el catálogo, en un principio, la muestra se había concebido “como una más de entre una serie de cuatro exposiciones itinerantes dedicadas a los elementos aire, tierra, fuego y agua”, que como una investigación aislada sobre el fenómeno de las obras de Earth Art). Como en la muestra de la Dwan Gallery, ésta también incluía el núcleo formado por Morris, Oppenheim y Smithson, así como De Maria y Heizer; no obstante, estos dos últimos acabarían retirándose de la muestra por discrepancias con Thomas Leavitt, director del museo, y su participación sería, por tanto, purgada de los registros oficiales de la exposición, incluyendo el catálogo y la transcripción publicada del congreso público en el que Heizer sí participó. Pero, además, la exposición de Sharp se abrió a una serie de participantes europeos, como el holandés Jan Dibbets, el inglés Richard Long o el alemán Gönther Uecker, a los que hay que añadir el escultor filipino David Medalla. Y, lo que es quizás más relevante: Earth Art se concibió específicamente para dar cabida a proyectos que, al contrario de los expuestos en los confines urbanos del espacio de la Dwan en la calle 57, fueron de hecho realizados en el exterior de la sala de exposiciones.

Sin embargo, esa posibilidad de trabajar al aire libre no impidió que algunos de los participantes decidieran crear obras para las salas interiores; por ejemplo, Hans Haacke, cuya Grass Grows adoptó la forma de una yarda cúbica de tierra configurada como un cono de unos tres metros de diámetro por un metro de altura y plantada con semillas de hierba de centeno que en el curso de la exposición crecieron hasta conformar un grueso manto vegetal; o Neil Jenney, que erigió una especie de andamiaje que contenía tierra extraída del propio campus, o Robert Morris quien, atrapado en la ciudad de Nueva York por una tormenta de nieve, tuvo que dar instrucciones por teléfono a los asistentes que trabajaron para él para crear una serie de montones de tierra, antracita y asbestos en las salas de exposiciones de Ithaca. También Smithson optó por crear una serie de “no lugares” en las salas, inspirados en un “sitio” que había elegido en una cercana mina de sal. Los demás, optaron por trabajar en el exterior del museo, adentrándose en el campus y en los bosques de alrededor. Dibbets fue más lejos incluso al elegir una zona boscosa a varios kilómetros de distancia para crear en ella un gran dibujo en forma de uve, removiendo y dando vuelta a la tierra, mientras Oppenheim recurría a motosierras para producir su Beebe Lake Ice Cut sobre la superficie congelada de un lago del campus de Cornell -curiosamente, para realizar sus proyectos, ambos artistas recibieron ayuda de un joven estudiante de arquitectura de la universidad: Gordon Matta-Clark-.

A pesar de la relación, aparentemente escabrosa, entre Leavitt y algunos de los artistas, debemos conceder que la introducción escrita por el director del museo en el catálogo se abstiene de reivindicar una forma unitaria para comprender esas divergencias de enfoque. Al contrario de lo ocurrido con los medios de comunicación -cuyo contingente, siguiendo la estela de Earth Works y de Earth Art, se había incrementado para incorporar la cobertura en Time, Life y Financial Times-, para Leavitt resultaba evidente, incluso en aquella fase temprana, “la imposibilidad de hablar de un movimiento del arte y la naturaleza como tal”. Con todo, escribió astutamente que lo que en potencia podría unir a los participantes era que “en su preocupación por el material elemental y su uso para agudizar la percepción sensorial e intelectual, [ellos] habían comenzado a crear una forma artística que entrañaba profundas implicaciones para el futuro del arte y de los museos de arte”.

Este año se conmemora el cuarenta aniversario de la exposición Earth Art, una ocasión que trae consigo la interesante oportunidad, para editores y críticos, de intentar desentrañar los caminos de conexión-o, cuanto menos, los vectores de afinidad- entre esos primeros indicios de Land Art y los artistas de hoy. Como alguien que ha escrito en abundancia tanto sobre aquella era pasada como sobre el panorama contemporáneo, he de decir que encuentro escasas pruebas de líneas de descendencia directas. Las grandiosas obras de movimiento de tierras y de inscripción que habían dado notoriedad a los primeros artistas del género son claramente contextuales: hablan de una era situada entre lo urbano y lo rural, una era analógica de construcción en lugares vacíos. Y aunque no pueda afirmarse en modo alguno que sus creadores fueran en su mayor parte ecologistas, su giro hacia el universo de lo natural hizo sitio a proyectos posteriores que sí lo fueron. De igual forma, aunque su huida del cubo blanco no estuvo exenta de todo tipo de riesgos y tensiones, abrió la puerta a otros gestos extra-institucionales. Si hay un grupo que pueda arrogarse con más claridad la condición de heredero sería el formado por esa constelación creciente de creadores -Trevor Paglen, Francis Alÿs, Allora & Calzadilla, etc.- y muy especialmente de grupos y colectivos de artistas (como el Center for Land Use Interpetation de Los ángeles o Multiplicity, con base en Milán) que trabajan con conceptos de espacio, tanto físico como discursivo, y muy especialmente mediante formas que reflejan la relación de ambos; que se aproximan al paisaje no como un producto a utilizar o un dominio edénico a proteger, sino como un espacio en donde la acción natural siempre coexistió con la humana. Al valerse de una profunda investigación, tanto sobre el terreno como archivística, tanto en el ámbito de la cultura como en un amplio espectro de ciencias, estos grupos podrían estar acercándose más, si no a la forma, sí al espíritu conceptual de los primeros artistas de Land Art, aquellas figuras cuyas “preocupaciones y técnicas-Sharp escribe en el catálogo de Earth Art- se acercan cada vez más a la del directivo medioambiental, el urbanista, el arquitecto, el ingeniero civil y el antropólogo cultural”.

Jeffrey Kastner (Nueva York, 1963) es crítico de arte y el redactor jefe de la revista Cabinet. Es colaborador habitual de revistas como Artforum, Flash Art, Frieze, Modern Painters y The New York Times. Es el editor de Land and Environmental Art (Phaidon, 1998)

10.08.2009

Terrenos por urbanizar - Miguel Cereceda


Originalmente en ABCD

En 1965, Dan Graham comenzó una serie de fotografías centrada en la estructura repetitiva de las nuevas construcciones de los suburbios de Nueva Jersey. Con ellas construyó una especie de ensayo fotográfico titulado Homes for America, que se publicó un año más tarde en la revista Arts Magazine. Aunque la intención de Graham era más bien formalista -pues no buscaba sino mostrar que el elemento serial y repetitivo de las construcciones minimalistas de Robert Morris o Sol LeWitt se encontraba igualmente en la arquitectura cotidiana de los suburbios-, apuntaba también a una tendencia que ya desde entonces se había hecho evidente en la arquitectura contemporánea: la idea de Tafuri de que la verdadera utopía arquitectónica era la del edificio individual, porque, en realidad, todo arquitecto trabaja en tramas urbanas. Dos años más tarde, su amigo Robert Smithson se dirigió a los desagües de las cloacas de Passaic -también en Nueva Jersey-, para reconsiderar la idea de la escultura monumental contemporánea.



Olvidar el futuro.
El resultado fue otra serie fotográfica titulada Monuments of Passaic (1967), en la que ya se apuntaban algunas claves de lo que había de ser su trabajo posterior en la escultura monumental. Mientras que para Dan Graham lo importante era establecer una relación entre el arte y la planificación urbana -mostrando de algún modo que la trama o la rejilla urbanística era el verdadero secreto de toda la tradición minimalista-, para Smithson, estos nuevos monumentos, en vez de permitirnos recordar el pasado, nos servían acaso para «olvidar el futuro». Aunque el trabajo de ambos delataba las consecuencias del crecimiento industrial planificado en la transformación del paisaje y del territorio, es posible que ninguno de los dos tuviese ninguna intención crítica en un sentido social. Es decir, les interesaba más extender las prácticas artísticas a otros ámbitos, tomando como referencia el crecimiento urbanístico e industrial, más que denunciar las consecuencias del crecimiento planificado sobre el territorio y sobre la vida de la gente.

Precisamente, ésta es la posición de Jordi Colomer en su reciente trabajo Avenida Ixtapaluca sobre el crecimiento urbanístico de la ciudad de México, en el que toma como punto de partida y referente la obra de aquellos dos artistas.

Colomer procede de una tradición en la que ha sido muy importante la reflexión sobre los límites y las relaciones entre las distintas artes. Interesado inicialmente por la escultura, ha ido ampliando su campo de análisis, en una preocupación específicamente escultórica, hacia el teatro y la escenografía, el vídeo y la performance y, finalmente, hacia la arquitectura y el urbanismo.



Un triple salto.
Ello muestra un desplazamiento de la preocupación por la masa y el volumen del objeto escultórico a la delimitación del espacio de presentación y representación de los mismos y, finalmente, a la construcción del espacio en el que nosotros mismos somos construidos y representados. Esta deriva era particularmente evidente en su serie Anarchitekton (2002-2004), en la que un personaje, enarbolando la maqueta de algún edificio emblemático (de Barcelona, Bucarest, Brasilia u Osaka), bailaba frente a él, evidenciando la relación entre los dispositivos de la escultura y de la arquitectura. Pero esta actitud de crítica o contestación directa se dirige ahora no ya al diálogo con un único edificio, sino que trata de enfrentarse a las patologías de la construcción planificada -característica del movimiento moderno- en un doble sentido.

De un lado, el más evidente -en el que ya han abundado innumerables artistas, al tomar como referente la modelización y planificación industrial de la vida de los ciudadanos, ejemplificada en los edificios y chalets adosados-, el de la ordenación social del individuo con casas iguales y vidas iguales. Pero, al orientar su mirada específicamente al modo en que ese modelo se transmite y se expande por el planeta, Colomer repara más bien en las resistencias que esta urbanización planificada genera en su imposición universal.



Así, en su acercamiento a la rápida transformación de una ciudad de la periferia de México D. F., en la que la anarquía de la vida cotidiana se impone casi de inmediato a la planificación urbanística, se interesa precisamente por esas resistencias: cambios de forma de los edificios, cambios de color, reconversión de su uso... Y, lo mismo que le llama la atención por el modo en que esta urbanización planificada encuentra sus oposiciones en su aplicación sobre los países más pobres, se ocupa igualmente por el modo en que los nuevos mitos culturales y comerciales de los países industrializados son transformados y reciclados en su recepción local por las culturas económicamente menos poderosas.

9.29.2009

Bureau des Mésarchitectures, CCA Lab, Kytakyushu, 2003

En BLDGBLOG encontré el link de Storefront for Art and Architecture, el famoso espacio cuyo escaparate diseñaron Vito Acconci y Steven Holl en 1993 para la ciudad de New York. Allí encontré que del 13 de Mayo al 28 de Junio de 2008 se hizo una exposición de Bureau des Mésarchitectures cuyos proyectos me han parecido interesantes. Uno de ellos especialmente me recuerda, en su estética, al Prada Transformer de OMA en Seoul, en 2008.
Se trata del CCA Lab [Center for Contemporary Art Extension] situado en Kytakyushu, Japón, del año 2005.
Ambos trabajan con unas piezas duras y estructurales que son recubiertas por un cascarón blando que funciona como fachada translúcida. En este proyecto no aparece la posibilidad de rotación que el Prada Transformer tiene pero guarda ciertas coincidencias.





9.27.2009

1966 Carl Andre, New York


“A year later, New York 1966, Carl Andre presented an exhibition that insists in the dichotomy between knowledge and experience. It’s Equivalents I-VIII, constituted by eight sculptures spread over the same floor, made up, each one, by 120 identical bricks, ordered in two layers. The sculptures are made in such a way that each one of the eight pieces have a surface of 60 brick in sight to the spectators. Their rectangular shapes were established by four of the possible combinations of numbers whose product is 60. The result is two types of shape, depending on the orientations of the bricks. Every piece have the same number of bricks, the same surface and the same volume, altough each one is perceptually different y differentiated form the others.”

Javier Maderuelo. 2008. La idea de espacio en la arquitectura y el arte contemporáneos 1960-1989.
pág. 94.
Madrid. Ediciones Akal.

Unofficial translation: Carlos Mínguez Carrasco

6.04.2009

JaJa architects

El estudio de arquitectura danés JAJA architecture fué invitado por la revista digital localmotives, que actuaron como curadores, para realizar una instalación en la galería noruega Rogaland Kunstsenter acerca del acercamiento a un espacio físico con los planteamientos bidimensionales de una revista digital.

El resultado es sumamente interesante.







6.03.2009

Nicolas Muller

Artista que vive y trabaja en Niza.
su web



in [espèce d'espace]
2007


in [une table et ses pieds]
2007


architecure's reflexions
2008



les formes ambiguës
2008


suppléments
2009


talking heads
2009

6.02.2009

Entrevista a Madelon Vriesendorp

Entrevista que le hace Shumon Basar, curator de la exposición "The World of Madelon Vriesendorp" en el Museo de Arquitectura Suizo, en Basilea, a Madelon Vriesendorp, conocida por haber sido una de los cuatro fundadores de OMA además de autora de las famosas acuarelas que iluminan Delirious New York de Rem Koolhaas.



6.01.2009

La comunitat inconfessable. Bienal de Venecia




La comunitat inconfessable, es el nombre del proyecto expositivo que presenta Catalunya a la 53 edición de la Biennal di Venezia comisariado por Valentí Roma, cuyo blog todo lo veo negro recomiendo.

Los artistas y proyectos que se presentan son:

Joan Vila-Puig y Elvira Pujol
sitesize
Proyecto editorial sobre el trabajo cultural y artístico sobre el territorio con textos con gente tan interesante como Ramón Parramón [Director de Idensitat] e Itziar González [Antigua profesora de Estética en la ETSAB y actual regidora de Ciutat Vella, Barcelona].

Daniel G. Andújar
Technologies to the people

Pedro G.Romero
Archivo FX

5.31.2009

Producir, Exponer, Interpretar

Los días 22,23 y 24 de Mayo de 2009 se llevaron a cabo en el MUSAC las jornadas "Producir, Exponer, Interpretar. Estrategias y conflictos en la práctica curatorial hoy".

Se trata de unas jornadas dirigidas por Tania Pardo [comisaria MUSAC] y por Manuela Villa [Responsable de contenidos de Matadero Madrid y Coordinadora general de la Noche en Blanco].

Podeis ver todos los datos técnicos además de los currículums de los ponentes aquí.

Tuve el gusto de asistir a las jornadas y estos son los apuntes generales que tomé en las diferentes ponencias.
Se tratan de frases, conceptos o referencias que me interesaron y, por supuesto, no se tratan de ningún tipo de resumen objetivo de las jornadas.
Los links son referencias que se citaron y que me parece interesante rastrear

Agustín Pérez Rubio. Director en funciones, MUSAC.
El comisario hace de ladrón [de conjunto de enchufes] entre el artista, la institución y el público.

Pablo Berastegui. Coordinador General Matadero Madrid.
El rol del artista está cambiando, como lo ha hecho a lo largo de la historia.
El concepto de curador [o comisario] está entre el commissaire francés y el curator anglosajón.

Tania Pardo. Co-directora de las jornadas.
El comisario tiene la función de Seleccionar, Comunicar, Generar redes de colaboración. Producir pequeños mundos interiores a los que se les da significado.

Manuela Villa. Co-directora de las jornadas.
Archivo de creadores de Madrid

Leire Vergara
. Comisaria Jefe de la sala Rekalde.
Un comisario tiene 3 líneas de trabajo: 1. Institución, 2. Público, 3. Exposición.
1. Dispositivos.
Guy Debord, Situacionismo. La ciudad como máquina capaz de producir dinero.
El espacio social como una mercancía más.
¿La institución tiene necesariamente que estar vinculada a un lugar?
La exposición como oportunidad de modificar nuestra capacidad de observación y participación.
Comisario como el que produce la posibilidad de interpretación de una información sin que esa interpretación esté cerrada.
Exposición en la Sala Rekalde: Aquí y ahora. Nuevas formas de acción feminista.
2. Público.
Es importante tener en cuenta a diferentes colectivos cuando se prepara una exposición: Colectivo nños, colectivo feminista, colectivo...
3. Exposición.
"El espacio de la exposición es el espacio de la acción".
"Liquid Modernity" Zygmunt Bauman Se ha producido un cese de las extructuras narrativas.
Siempre hace falta construir el dispositivo adecuado para exponer la obra.
Carmen Nogueira
Exposición en la sala Rekalde: 1,2,3 Vanguardias. Trataba de la interacción entre cine y arte en Polonia durante los años 70.
Oskar Hansen, Arquitecto polaco, colaboró en la sala Rekalde para idear y construir el formato expositivo adecuado.
El comisario de esta exposición escoge, busca, habla con los artistas, reúne obras de experimentación polaca en el cine y todo ese trabajo dura 5 años. El ejercicio interpretativo de los trabajos le lleva a enfrentar los trabajos experimentales en lenguaje cinematográfico de los años 70 con los producidos en la actualidad.

Rocío García. Miembro del colectivo RMS La asociación.